Conflictos y agitaciones sociales

Se buscó en vano un freno a la agitación obrera en 1907 con el establecimiento del departamento nacional del trabajo. Alfredo L. Palacios había presentado ya y hecho aprobar por el Congreso la ley de descanso dominical y la reglamentación del trabajo de las mujeres y los niños.

Si por un lado, en respuesta a la falta de garantías para el sufragio, se vivía en plena conspiración política, y no se retrocedía hasta el punto de llegar a los levantamientos armados, a la sublevación de las tropas para obtener la finalidad perseguida, por otro, las masas trabajadoras, que se hallaban en su etapa de organización gremial, pedían una mejor distribución de los beneficios del progreso material alcanzado y aumentaron el ritmo de su combatividad a medida que aumentaban las resistencias de la clase dirigente. 

La ley de residencia de 1902 no había tenido ningún resultado positivo, sino sólo el de causar innecesarios padecimientos a algunos obreros destacados y a sus familias; pero la masa obrera era en general inmigrada y no cabía prescindir de ella, pues gracias al trabajo de los campesinos y de los trabajadores industriales se mantenía el proceso de desarrollo económico del país, al que no faltaba en esas circunstancias el aporte de capitales extranjeros. 

Con la inmigración en general y con la fórmula alberdiana: gobernar es poblar, se introdujo inevitablemente una modalidad liberal, que responde a la corriente progresista de los gobiernos desde Urquiza y Mitre mucho más que el progresismo económico, en lo material, y el antifederalismo en política, signo de la mayor parte de los gobiernos desde Roca a Sáenz Peña.

Las huelgas se sucedían unas a otras, las calles de Buenos Aires se cubrían a veces de manifestaciones imponentes y las jornadas del primero de mayo, fecha recordada con el paro general en recuerdo de los sucesos de Chicago de 1886, primera gran reivindicación de la jornada de ocho horas, reunían grandes contingentes. Los cuatro años de gobierno de Figueroa Alcorta fueron marcados por acontecimientos sangrientos, y dos estados de sitio; incluso los festejos del Centenario fueron celebrados bajo estado de sitio. A los siete muertos y veinticinco heridos de Ingeniero White a mediados de 1907, en el curso de una huelga de obreros del puerto, se agregó la matanza del 19 de mayo de 1909 en la plaza Lorea, después de las elecciones del 18 de octubre de 1908, en las que se repitió el fraude tradicional de manera harto visible. 

huelgas

El país del desarrollo industrial exigía reformas sociales y políticas que pusieran fin a la penosa situación de la clase obrera que a lo largo de los primeros años del siglo XX manifestaron su descontento mediante numerosos actos. El dibujo de Mayol muestra una manifestacion en los primeros años de la decada del XX 

Los sucesos luctuosos del 1° de mayo de 1909, con un saldo de más de una docena de muertos y un centenar de heridos, provocó una gran conmoción y una indignación ilimitada; el 3 de mayo el partido socialista exhortaba a la huelga y decía: "Queremos que, al menos por decoro, se nos libre de la guardia del verdugo Falcón", y pedía la destitución de este jefe de policía. En manifiestos y octavillas que circulaban ampliamente se pedía la muerte del jefe de policía Falcón. 

Los socialistas Repetto, Palacios, Migo Carreras, Enrique Dickmann, Juan B. Justo, Mario Bravo, decían el 5 de mayo: "Somos los continuadores de la obra de la independencia, y cuando la hora del Centenario, la tierra argentina, fuera de sus trigos y de sus lanas, nada podrá presentar que la acerque tanto a los pueblos cultos como su agitación proletaria".

Las clases gobernantes no sabían oponer al movimiento social y a sus reivindicaciones más que palabras que suscitaban mayor irritación. Decía el presidente en la inauguración de la asamblea legislativa en mayo de 1909:

"Preparada y dirigida por agitadores profesionales que en su mayor parte entran al país y se radican, y aun prosperan, al amparo de la liberalidad generosa de nuestras leyes, la última conmoción sectaria ha llegado en la propaganda y en el hecho a límites extremos que es urgente prevenir en lo sucesivo, como exigencia no ya sólo del orden social, sino de la estabilidad misma del país".

Sin respuesta al clamor que pedía el alejamiento del jefe de policía de Buenos Aires, coronel Ramón L. Falcón, por su responsabilidad en la matanza del primero de mayo, un joven anarquista ruso, Simón Radowitzky, que había concurrido a la manifestación sangrienta, le arrojó una bomba el 14 de noviembre de 1909 en la Recoleta y le dio muerte juntamente con el secretario Lartigau que le acompañaba. Y como continuasen las prisiones, deportaciones, restricciones de la libertad, represión de las huelgas obreras, clausura de los locales gremiales y de la prensa, exaltados los ánimos, se produjeron hechos de violencia y de terrorismo, como el de la bomba arrojada en el teatro Colón durante una de las veladas de gala del Centenario, lo cual dio motivo a completar la llamada ley de residencia de 1902 con la de defensa social, en 1910.

Contra el propio presidente hubo un atentado frustrado el 28 de febrero de 1908, en circunstancias en que regresaba de la Casa de Gobierno a su domicilio; un joven de 21 años, Francisco Solano Regis, arrojó una bomba contra su carruaje, pero no estalló. Detenido el autor del atentado, declaró que había querido eliminar al presidente de la República por considerarlo un tirano de su patria.

Huelga 1909

El 1º de mayo de 1909, socialistas y anarquistas conmemoraban desde sus gremios en reuniones separadas el día de lucha de los trabajadores. Los socialistas hicieron lo suyo en Constitución, y los anarquistas en la Plaza Lorea, frente al actual teatro “Liceo”, a pocos metros del Congreso.

Desde temprano comenzaron a llegar las familias anarquistas obreras con sus banderas rojinegras, todos ellos sin otra intención que homenajear a “Los mártires de Chicago”. En el transcurso del acto se sucedieron en el uso de la palabra encendidos oradores, que invitaban a luchar y organizarse para cambiar la sociedad. Mientras tanto, el coronel Ramón Falcón, jefe de la Policía, observaba a la multitud desde su auto. Pronto algunos manifestantes descubrieron su provocadora presencia, entonces lo insultaron y volaron algunas piedras, nada grave si se lo compara con lo que siguió después.  Ramón Falcón dirigió personalmente la represión del acto. Dio la orden a la policía montada, al mando del comisario Jolly Medrano, de dispersar la manifestación a sablazos y balazos. Y así cargó el escuadrón de caballería a machetazos y descargas contra la multitud desarmada.

Las huelgas y hechos violentos

Estallaron cinco huelgas generales y una bomba de tiempo en la platea del teatro Colón; se decretó cuatro veces el estado de sitio, una de ellas, a causa del motín radical de febrero de 1905; en la Casa del pueblo de Ingeniero White un piquete de marinos hizo fuego sobre obreros del puerto en huelga causando siete muertos y veinticuatro heridos; matanza de obreros el 1" de mayo de 1909; asesinato del responsable coronel Falcón en noviembre de 1909; asalto a los locales obreros y a los diarios La Vanguardia y La Protesta en mayo de 1910; ley de defensa social.

Ningún otro gobierno había empleado tan persistentemente la violencia contra los trabajadores hasta allí, como en la presidencia de Quintana y Figueroa Alcorta.

bomba en el Colón