La primera guerra mundial

En agosto de 1914 se produjo la conflagración europea, cuyas proyecciones abarcaron gran parte del mundo. 

El país que ya en 1913 había mostrado los efectos del abuso excesivo del crédito y de las especulaciones desenfrenadas, consecuencia de la abundancia de capitales, sufrió pronto las repercusiones del conflicto, Además había tenido en 1913 una mala cosecha y el malestar se extendió por esa causa. La renta pública disminuyó en el curso de 1914, pues la aduana se resintió inmediatamente por la interrupción drástica del comercio de exportación e importación.

En su mensaje de apertura del Congreso, en mayo de 1915, Victorino de la Plaza reflejaba las alternativas del grave momento que se vivía:

"Es del caso de recordar todo el desconcierto con que se aumentaron nuestros conflictos económicos, creándose una complejidad de dificultades que requerían medidas inmediatas para contrarrestar, en cuanto fuera posible, los graves efectos que, a no hacerlo, se producirían en nuestro mercado, en las finanzas, en los establecimientos de créditos oficiales y particulares, así como en los negocios en general.
Las cosas apremiaron tanto que el mismo día en que la noticia (de la guerra) fue recibida en esta capital, se produjo tal extracción de oro en nuestra Conversión, y tal afluencia en los Bancos a retirar depósitos, que se hizo indispensable arbitrar, recursos sin pérdida de tiempo, a fin de evitar un pánico y sus consiguientes perjuicios.
Fue desde luego suspendido el canje de billetes contra oro en la Caja de Conversión y se decretó un feriado para calmar el sobresalto, hasta tanto se buscaran con mayor reflexión los medios adecuados que hubieran de adoptarse directamente o proponerse al Congreso a fin de hacer frente a la nueva emergencia".


En marzo de 1914 la escuadra alemana al mando del almirante Hubert von Reuber-Paschwitz visito el pais, sus comandantes, oficialidad y tripulación fueron objeto de agasajos y el publico pudo visitar las unidades navales. En pocos meses mas se desataría la terrible Primera Guerra Mundial. "La visita de la escuadra alemana pondra de manifiesto la simpatia de que gozan en nuestro pais los subditos del Kaiser, y el distinguido jefe que la comanda, se vera en la obligacion de telegrafiar a su emperador el triunfo del «Made in Germany»" Caras y Caretas del 14 de marzo de 1914

La corrida a los bancos contenida por las llamadas leyes de emergencia, la de moratoria, que prorrogó el cumplimiento de las obligaciones comerciales y bancarias; la que autorizó al Banco de la Nación a convertir en moneda nacional los treinta millones de pesos oro del fondo de conversión; la que autorizó los redescuentos por la Caja de Conversión de documentos comerciales; la que prohibió la exportación de oro mientras subsistiera el estado de guerra en Europa.

Esas leyes de emergencia afrontaron las primeras consecuencias de la guerra en Europa, pero las dificultades internas no pudieron ser contenidas. Hubo una gran desocupación obrera, se extendieron las privaciones y, penurias de grandes masas. El movimiento comercial que había cerrado en el año 1913 con un total de intercambio de 1.105.383 pesos oro, en el año 1914 se cerró con sólo 621.072, es decir, casi el 50 % de disminución. El comercio de importación fue paralizado casi enteramente, pues las naciones proveedoras se hallaban involucradas en la contienda y por tanto no producían como en los tiempos de paz; además había dificultades para el tráfico marítimo, escasez de bodegas de transporte, restricción de créditos, movilización de los obreros en los países industriales.

Ante la situación apremiante, resolvió el presidente postergar muchas iniciativas de interés para el progreso material, limitar las obras públicas y tratar de equilibrar las finanzas del país.

En su último mensaje a las Cámaras dijo en mayo de 1916:

"Todos los hombres de gobierno han deseado marcar su paso por las altas posiciones con la construcción de obras que quedan en el tiempo como demostración concreta de su patriotismo y de su celo por el bienestar del país. El presidente que habla y sus colaboradores no disimulan que les hubiera sido también íntimamente grato señalar el desempeño de sus cargos en forma tan útil como notoria, pero han creído que sobre esa satisfacción existía un deber: velar, aun con renuncia de sus prestigios, por el crédito de la Nación, sosteniendo, en medio de las adversas contingencias universales, la estricta regularidad de sus finanzas. La administración que tengo el honor de presidir no obtendrá, pues, el agradecimiento de determinadas regiones, ni habrá merecido el aplauso entusiasta de ningún vecindario favorecido con adelantos que llenaran sus  necesidades y aspiraciones; pero quizá en cambio le sea conocido su empeño, silencioso e inquebrantable, por man-tener una conducta circunspecta, que sirviera las difíciles circunstancias en que la tocara actuar".