El 20 de diciembre de 2001, a los saqueos y desmanes se sumó un cacerolazo generalizado y marchas de miles de personas autoconvocadas que reclamaban la renuncia del presidente radical, Fernando de la Rúa. En el centro porteño la policía federal era desbordada, aunque lograba mantener la violencia fuera de la Plaza de Mayo. Las centrales obreras, por su parte, iniciaron una huelga por tiempo indeterminado. Fernando de la Rúa aferrado al escaso sector radical que todavía le respondía, Fernando de la Rúa intentó convocar al justicialismo, para crear un Gobierno de unidad nacional, pero el rechazo del peronismo decidió al presidente a presentar su renuncia al parlamento.
A las 19:30 Fernando de la Rúa agradeció al fotógrafo presidencial y le pidió una última foto en su despacho, aquí firmó el decreto 1682/2001 que enmarcó el actuar policial bajo conmoción interior, autorizando implícitamente la represión bajo su responsabilidad. Con un sollozo plasmó su renuncia en un manuscrito dirigido a Ramón Puerta y la dejó sobre su escritorio, luego recogió una Constitución de la Nación Argentina y abandonó su oficina a las 19:45 horas de aquel 20 de diciembre de 2001. Apenas en la mitad de su mandato constitucional, Fernando de la Rúa debió abandonar la Casa Rosada en helicóptero.
Subió a la terraza por un elevador privado donde un helicóptero Sikorsky S-76 Spirit lo esperaba sin aterrizar, el Presidente corrió hacia él y abordó con la ayuda de sus custodios. La imagen del aeronave abandonando el edificio en el caluroso y nublado atardecer, con el líder del país caído y bajo un vocerío de insultos, quedó plasmada para siempre en la memoria de los argentinos.
En 1999, es elegido por segunda vez Diputado Nacional, cargo al cual renunció tras ser elegido Senador Nacional en 2001 y designado Presidente provisional del Senado dos meses más tarde. La designación generó polémica ya que Puerta pertenecía al partido opositor al gobernante a nivel nacional con Fernando de la Rúa, la Unión Cívica Radical. Debido a la renuncia del vicepresidente Carlos Álvarez en 2000, y en virtud de la ley de acefalía del poder ejecutivo, la sucesión presidencial recayó en el Presidente provisional del Senado, cargo que desempeñaba Puerta.
Estuvo en ejercicio del Poder ejecutivo nacional del 21 al 22 diciembre de 2001, después que De la Rúa renunciara a su cargo en medio de la crisis que azotaba al país.12 En su fugaz presidencia, restablece parcialmente el estado de sitio que antes había decretado y levantado Fernando de la Rúa, y nombra integrantes para el gabinete nacional: Humberto Schiavoni (Jefe de Gabinete), Miguel Ángel Toma (Interior), Jorge Capitanich (Economía) y Ricardo Biazzi (Educación). Se mantuvieron en el cargo: Adalberto Rodríguez Giavarini (Relaciones Exteriores) y Horacio Jaunarena (Defensa).
De acuerdo al artículo 2º de la Ley 20.972 —de acefalía—, cumplió el mandato de convocar dentro de las 48 horas a la Asamblea Legislativa para elegir qué funcionario público habría de desempeñar la presidencia hasta que un nuevo presidente sea electo —de acuerdo al artículo 88 de la Constitución—.
Ramón Puerta convoca la Asamblea Legislativa¯
Con el país sufriendo un feroz colapso institucional, Puerta convocó a la Asamblea Legislativa para que eligiera a un nuevo presidente, la cual tuvo lugar el 22 de diciembre, con la renuncia de Fernando de la Rúa desató una lucha de poder en el Partido Justicialista, con el radicalismo como árbitro, ya que el peronismo gozaba de mayoría parlamentaria después de las elecciones de octubre, en las que una gran porción del electorado emitió votos en blanco o anulados.
Adolfo Rodríguez Saá era gobernado de San Luis y para esa fecha había convocado a los gobernadores peronistas integrantes del Frente Federal Solidario a asistir a la inauguración de un aeropuerto en la ciudad de Merlo, pero el estallido social y la salida del poder de Fernando de la Rúa modificaron el panorama, y acabó ampliando la invitación a los catorce gobernadores justicialistas, a los jefes de bloques legislativos, y al jefe de estado provisional, para resolver el rumbo que tomaría el justicialismo para encarar la transición. La reunión se realizó en el Club de Campo Chumamaya, y además de Rodríguez Saá contó con la presencia de José Manuel de la Sota (Córdoba), Carlos Reutemann (Santa Fe), Néstor Kirchner (Santa Cruz), Juan Carlos Romero (Salta), Carlos Manfredotti (Tierra del Fuego), Rubén Marín (La Pampa), y el senador Eduardo Menem en representación de Ángel Maza (La Rioja).98 El mal clima impidió la asistencia de Eduardo Duhalde y del gobernador bonaerense Carlos Ruckauf, así como del jujeño Eduardo Fellner.
Este encuentro fue en gran medida secreto, el mismo día, solo trascendió a los medios de comunicación que aún no se había acordado quien sería presidente interino, llegándose a considerar por un tiempo la ratificación de Ramón Puerta en el poder ejecutivo hasta el llamado a nuevas elecciones y celebrar una interna del Partido Justicialista en enero para escoger un candidato de unidad. Adolfo Rodríguez Saá declaró a los medios que se proponía a sí mismo como presidente «hasta 2003» (cuando finalizaba el mandato de De la Rúa). José Manuel de la Sota rechazó esta postura, afirmando que era necesario convocar urgentemente a elecciones.Ramón Puerta declaró al día siguiente que solo ejercería el cargo hasta que la Asamblea Legislativa designara a otra persona, pues rechazaba la idea de ocupar un puesto para el que no había sido elegido. Después de una nueva reunión, finalmente, Adolfo Rodríguez Saá fue considerado el dirigente más cercano a los postulados de la mayoría del espectro partidario, y de este modo se acordó investirlo presidente de la Nación Argentina.
A las 9:20 horas del 23 de diciembre, Adolfo Rodríguez Saá fue elegido presidente por 169 votos a favor y 138 en contra, contaba con el apoyo de Ramón Puerta, antiguo aliado suyo mientras fue gobernador de Misiones en la década de 1990 e integrante del Frente Federal Solidario, así como también el apoyo nominal de los gobernadores de Buenos Aires Carlos Ruckauf, Santa Fé Reutemann, Córdoba Juan Manuel de la Sota, Santa Cruz Nestor Kirchner y La Pampa Ruben Marín, todos con aspiraciones presidenciales que preferían una elección anticipada.
Adolfo Rodríguez Saá prestó juramento como presidente formalmente a las 11:42 horas del mismo día. La elección de Adolfo Rodríguez Saá sería solo por sesenta a noventa días, debiendo realizarse elecciones presidenciales adelantadas el domingo 3 de marzo de 2002, mediante la aplicación del controvertido sistema de doble voto simultáneo o ley de lemas, hasta entonces empleado solo en algunas distritos para la elección de cargos provinciales, y el 5 de abril debía entregar su cargo al nuevo presidente. El 24 de diciembre cesó su mandato como gobernador provincial, asumiendo la vicegobernadora María Alicia Lemme, que se mantuvo en el cargo hasta el fin del mandato en 2003.
De acuerdo con numerosas fuentes, la ratificación de Adolfo Rodríguez Saá estuvo lejos de estar asegurada, incluso al momento mismo de la votación, y numerosos sectores del peronismo o del radicalismo y el frepasismo amenazaron a último momento con retirar su apoyo. El alto número de votos en contra de su candidatura se debió en gran medida al rechazo al adelanto de las elecciones, ya que la mayoría de estos legisladores querían que el presidente interino completara el mandato de Fernando de la Rúa, del mismo modo, la aplicación del sistema de lemas, que finalmente no se implementó, desató un debate jurídico y constitucional durante la semana en la que Rodríguez Saá ocupó interinamente la presidencia. En su discurso inaugural, el nuevo presidente se comprometió a gobernar "para los más humildes y lo que sufren", que en su gobierno tendría prioridad "la gente, no la deuda externa", y anunció la ruptura definitiva del peronismo con las políticas del menemismo, declarando la suspensión del pago de la deuda externa con los acreedores privados, una medida que nunca se concretó, y que fue criticada posteriormente como «populista»
Adolfo Rodríguez Saá mostró «cierta euforia» al momento de aceptar asumir la conducción del país, y afirmó que formaría un gobierno de transición que no devaluaría la moneda, y mantendría la controvertida Ley de Convertibilidad (que garantizaba una paridad entre el peso argentino y el dólar estadounidense, considerada principal impulso de la crisis) y el sistema conocido como Corralito, al menos momentáneamente, lo que desató protestas de un periodista presente, que lo acusó de ser igual a Fernando de la Rúa.
Adolfo Rodríguez Saá mostró «cierta euforia» al momento de aceptar asumir la conducción del país, y afirmó que formaría un gobierno de transición que no devaluaría la moneda, y mantendría la controvertida Ley de Convertibilidad (que garantizaba una paridad entre el peso argentino y el dólar estadounidense, considerada principal impulso de la crisis) y el sistema conocido como Corralito, al menos momentáneamente, lo que desató protestas de un periodista presente, que lo acusó de ser igual a Fernando de la Rúa.
Cuando Adolfo Rodríguez Saá fue electo no negoció prácticamente con ninguna de las facciones del justicialismo el diseño de un sumamente reducido gabinete de transición (con cuatro ministros y seis secretarías) , que estuvo en gran medida conformado por personas de confianza del presidente, destacando su antiguo mentor político y posteriormente oponente provincial, Oraldo Britos, como Ministro de Trabajo. Sin embargo, intentó también incorporar figuras de las demás líneas internas del PJ, aunque sin conseguir satisfacer a la mayoría de los dirigentes. Su Jefe de Gabinete fue Jorge Obeid, exgobernador de Santa Fe, y José María Vernet, también exmandatario de aquella provincia, ejerció simultáneamente las carteras de Defensa y de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. El mendocino Rodolfo Gabrielli fue su Ministro del Interior.
Cuatro de sus seis secretarios eran puntanos que habían ejercido cargos durante su gobernación: Carlos Sergnese, presidente del Supremo Tribunal de la provincia, múltiples veces acusado de sesgar el poder judicial sanluiseño en favor de Rodríguez Saá, fue designado como Secretario de Inteligencia; Luis Lusquiños, su antiguo secretario privado, se ocupó de la Secretaría General de la Presidencia; José Guillermo L'Huiller fue secretario Legal y Técnico; Alberto Zuppi, secretario de Justicia y Asuntos Legislativos, y Graciela Corvalán, secretaria de Obras Públicas. Ninguno de los ministros ajenos al «Modelo San Luis» (es decir, no ligados directamente al antiguo gobernador) había sido explícitamente designado por la facción del justicialismo que representaban, sino que Rodríguez Saá, con la colaboración de su hermano Alberto Rodríguez Saá, habían elegido personalmente a las figuras del gabinete dentro de los distintos espacios del peronismo. Rodolfo Frigeri, secretario de Hacienda, Finanzas e Ingresos Públicos, fue convocado por Néstor Kirchner, a pesar de pertenecer al sector de Duhalde, por pedido de Rodríguez Sáa; mientras que Daniel Scioli, entonces adherente al menemismo, fue convocado como secretario de Turismo sin haber sido consultado Menem, entonces presidente del PJ, que fue rápidamente marginado tanto de la transición y la Asamblea Legislativa después de la caída de De la Rúa como del posterior armado del gobierno interino. Debido a la forma en la que Rodríguez Saá configuró el nuevo gabinete, una fuente del mismo declaró ante los medios que «todos están por él, aunque no sean de él». No hubo funcionarios ligados a Juan Manuel de la Sota.
Proyecciones económicas
La presidencia de Adolfo Rodríguez Saa duró sólo siete días, por lo que prácticamente ninguna de sus proyecciones se llegó a concretar. Durante ese período proclamó la suspensión de pagos de la deuda externa con los acreedores privados, lo cual nunca llegó a concretar. Seguidamente, anunció la entrada en circulación de una nueva moneda no convertible, llamada «argentino», con la cual financiaría planes de vivienda y daría más de 100 000 subsidios, así como un aumento a jubilados y estatales. Dicha moneda nunca se materializó.
Por su negociación logró reunificar a la CGT, lo cual le valió el respaldo de los jefes sindicales, pero no el de la UIA (Unión Industrial Argentina) ni el de un importante sector del Partido Justicialista, disconformes con la decisión del mandatario de devaluar la moneda de manera gradual, y no inmediata ―como proponían los industriales y el Grupo Clarín―. Nombró al senador Jorge Capitanich como ministro de Infraestructura y Vivienda e interino de Economía, de Desarrollo Social y Medio Ambiente, de Salud, de Trabajo, Empleo y Formación de Recursos Humanos y de Seguridad Social; y como presidente del Banco de la Nación Argentina a David Expósito, un economista y periodista que tomó notoriedad en esos días por sus declaraciones sobre la nueva moneda, el «argentino», lo que llevó a que Rodríguez Saá le exigiera su renuncia
Fernando de la Rua deja el gobierno en el helicóptero
Eran las siete y cincuenta y dos de la tarde y el helicóptero blanco se elevaba en medio de aplausos, gritos e insultos de la gente que protestaba en la Plaza de Mayo. La imagen evocaba la partida de la presidenta Isabel Perón poco después de la medianoche del 24 de marzo de 1976, minutos antes de que fuera desalojada del gobierno por los militares. De la Rúa llevaba su ejemplar de la Constitución apretado entre las manos y apenas atinó a mirar por la ventanilla en los cuatro minutos y medio que duró el viaje hasta la residencia de Olivos.
Tapa del diario Clarín del 24 de diciembre de 2001
La presidencia de Adolfo Rodríguez Saa duró sólo siete días, por lo que prácticamente ninguna de sus proyecciones se llegó a concretar. Durante ese período proclamó la suspensión de pagos de la deuda externa con los acreedores privados, lo cual nunca llegó a concretar. Seguidamente, anunció la entrada en circulación de una nueva moneda no convertible, llamada «argentino», con la cual financiaría planes de vivienda y daría más de 100 000 subsidios, así como un aumento a jubilados y estatales. Dicha moneda nunca se materializó.
Desde un principio, el principal debate en torno a la presidencia interina surgida de la Asamblea Legislativa era la duración de este. Mientras que un sector promovía que el presidente designado por el legislativo completara el mandato de De la Rúa el 10 de diciembre de 2003, otro sector, conformado por gobernadores de las provincias más pobladas (como el bonaerense Ruckauf, el cordobés De la Sota, y el santafesino Reutemann), sostenían la necesidad de convocar a elecciones presidenciales anticipadas para el domingo 3 de marzo de 2002, bajo el alegato de que solo un presidente ratificado por el voto popular contaría con la legitimidad suficiente para encarar la crisis económica y estabilizar la situación política.
La idea de utilizar el sistema de doble voto simultáneo (o ley de lemas) para dicha elección surgió del problema que representaba para el justicialismo elegir a un candidato de consenso que unificara al partido en un período de tiempo tan reducido como tres meses. La ley de lemas permitía la presencia de varias candidaturas o sublemas por parte de un mismo partido o lema, con los votos de los distintos sublemas superponiéndose al lema. De este modo, el sublema ganador dentro del lema más votado resultaría electo.
La ley de lemas fue automáticamente rechazada por casi la totalidad del arco opositor al PJ (el radicalismo y el frepasismo) e incluso numerosos dirigentes peronistas cuestionaron la conveniencia de usarla en comicios presidenciales. Tanto Duhalde como Carlos Ruckauf acogieron el anuncio de su posible instauración con frialdad, creyendo que lo único que lograría dicha ley sería atomizar el voto justicialista y, al mismo tiempo, minar aún más la legitimidad del presidente que resultase electo, pues debido a que el candidato ganador sería el que obtuviese más votos dentro de un determinado lema, este podría no ser necesariamente el candidato más votado, e incluso aunque lo fuera, seguramente lo sería por un margen de votos sumamente bajo. Además, la constitucionalidad de que dicho sistema se aplicara a elecciones presidenciales, dado que no está previsto por la constitución nacional, fue objeto de un profundo debate, y en última instancia la utilización de este método resultó desestimada Adolfo Rodríguez Saá, si bien mantuvo una postura ambvialente con respecto al uso de la ley de lemas, no se manifestó en contra de su implementación y se mostró dispuesto a aceptarla.
A pesar de haber aceptado inicialmente la duración corta de su interinato, Adolfo Rodríguez Saá desde un principio demostró su intención de permanecer en el poder, ya fuera compitiendo en las elecciones adelantadas (aunque se había comprometido a no hacerlo) o completando el mandato de Fernando de la Rúa. Un sector de su gabinete confesó a los medios que Adolfo Rodríguez Saá tenía intención de quedarse «hasta seis años». La idea fue categóricamente rechazada por más de la mitad de los gobernadores justicialistas, que además criticaron la composición «poco virtuosa» de su gabinete, y exigieron la salida de figuras «impresentables», entre las que destacaban el titular del Banco Nación, David Expósito, y el jefe de Asesores del Gabinete, Carlos Grosso. También se cuestionó la ausencia de mención a las elecciones presidenciales, llegándose a sugerir dentro del gobierno que no había suficiente presupuesto para pagarlas, y que el interinato debía prolongarse.
En la noche del 28 de diciembre, estallaron nuevos cacerolazos en el país, viéndose sacudida la residencia presidencial de Olivos, mientras que la Casa Rosada estuvo a punto de ser invadida por manifestantes, que exigían renuncias y el final del corralito y ante esta situación, todo el gabinete presentó su renuncia.101 Rodríguez Saá confirmó en sus cargos sólo a su secretario general Lusquiños, y al ministro del Interior Gabrielli. Anunció simultáneamente que había acordado con los banqueros que el 30 de diciembre las entidades permanecerían abiertas de 8:00 a 20:00 horas, y que le pagarían mil pesos a jubilados y empleados del Estado.
El 29 de diciembre, Rodríguez Saá convocó a una reunión a los catorce gobernadores justicialistas en la Residencia Presidencial de Chapadmalal para buscar un entendimiento que le permitiera continuar en la presidencia, ya sin posibilidad de impedir las elecciones anticipadas, sin embargo, para entonces, la mayoría del PJ ya le había retirado su apoyo, y a la reunión solo asistieron seis gobernadores (el bonaerense Carlos Ruckauf, el riojano Ángel Maza, el formoseño Gildo Insfrán, el salteño Juan Carlos Romero, el misionero Carlos Rovira y su sucesora en la gobernación puntana, María Alicia Lemme). Néstor Kirchner no asistió, pero envió a su vicegobernador, Sergio Acevedo, y Ramón Puerta también estuvo presente, otros cinco gobernadores se ausentaron silenciosamente sin responder a su invitación, mientras que José Manuel de la Sota le dijo con claridad que no contara con él.
En el momento de la reunión fallida, se produjo un corte de luz que dejó al edificio de Chapadmalal sin suministro eléctrico, por lo que el encuentro fue apenas iluminado por la luz del sol entrando por la ventana. Del mismo modo, afuera se producían multitudinarias protestas y la custodia del presidente no se encontraba presente, de acuerdo con algunos comentarios hechos por los presentes en dicha reunión, Rodríguez Saá se mostró agresivo y afirmó «haber cambiado al país» en los solo siete días que llevaba en el gobierno, exigiendo el apoyo de los gobernadores para continuar con su gestión o que, de lo contrario, se buscaran «otro De la Rúa».
Mientras se producía la reunión, entró en la habitación el coronel Gustavo Bohn, entonces jefe de la custodia presidencial, e informó a Adolfo Rodríguez Saá de que una multitud de manifestantes se estaba reuniendo afuera del edificio y que estaban intentando forzar la puerta mientras venía cada vez más gente. Bohn aseguró que «no se podía garantizar» la seguridad del presidente.
La pueblada que no fue
Cuando el coronel Gustavo Bohn anunció que se venía una pueblada frente al Complejo de Chapadmalal y que no podía garantizar la seguridad del Presidente, Carlos Ruckauf le ordenó al jefe de su custodia que averiguara qué estaba pasando. El hombre fue caminando hasta la puerta al mismo tiempo que pidió por teléfono al jefe de la Policía de la Provincia que le diera un informe de la situación. Minutos después, un helicóptero policial estaba sobrevolando la zona.
“El jefe de la custodia de Ruckauf llegó corriendo cuando ya estábamos todos arriba del helicóptero de la gobernación, a punto de despegar. Subió y Carlos Ruckauf le preguntó si sabía lo que estaba pasando”, recuerda el colaborador del ex gobernador bonaerense. Y reproduce el contenido del diálogo.
-¿Cuánta gente hay? – le preguntó Ruckauf.
-Carlos, no hay casi nadie, debe haber 10 personas ahí afuera.
-¿Hay gente viniendo?
-No, el helicóptero de la Policía está sobrevolando la zona y me dicen que no viene nadie – respondió el jefe de la custodia.
“Nunca pude descubrir bien qué fue lo que pasó, pero el tema de la pueblada llegó a la mesa y todos le creyeron al jefe de la custodia presidencial. ¡Cómo no le iban a creer! Pero la verdad es que no había ninguna pueblada. Eran unos pocos tipos que estaban ahí, con cacerolas, puteando, golpeando la puerta, pero no había ninguna pueblada”
Adolfo Rodríguez Saá ordenó que prepararan un vehículo para que pudiera retirarse al aeropuerto, y afirmando que la situación era insostenible y que se retiraba a San Luis, subió al primer piso de la residencia. Eduardo Duhalde contaría que Rodríguez Saá tuvo en ese momento un ataque de pánico.
“Estaba hablando muy verborrágico en Chapadmalal pero cuando vio que había gente afuera haciendo ruido, subió al primer piso, se puso en posición fetal y decía ‘me quieren matar, me quieren matar’, pero afuera solo estaban los trabajadores de hoteles que querían hablar con Daniel Scioli, que era el secretario de Turismo”, relató con una anécdota fulminante para el puntano. “Cuando salió del salón, me acuerdo como si fuera hoy, salió con cara de asustado, como alguien que piensa que lo van a matar. Era exagerado, no tenía sentido”, corrobora un colaborador de Ruckauf que presenció la reunión.
Eduardo Duhalde, que subió al primer piso con él, comentaría más adelante que, tras enterarse de una posible pueblada inminente sobre Chapadmalal, Rodríguez Saá sufrió un ataque de pánico, se encerró en el primer piso y se acostó en una cama en posición fetal, afirmando que querían asesinarlo.
Los múltiples relatos de lo que sucedió a continuación cuentan una misma historia de diferentes maneras. La versión más impactante dice que cuando Rodríguez Saá anunció que se iría a San Luis, Ruckauf salió del salón con la excusa de que necesitaba ir al baño. En lugar de eso, pidió que el piloto del helicóptero pusiera motores en marcha para partir de inmediato sin avisar.
Carlos Ruckauf, afirmó que la reacción del presidente al enterarse de la manifestación fue «exagerada». De acuerdo con el relato de Ruckauf, el jefe de su personal de custodia le informó que afuera solo había un máximo de diez personas, no una manifestación, y que estos en realidad ignoraban que el presidente se encontrara en el complejo, pues eran trabajadores de hoteles que querían hablar con Scioli, entonces Secretario de Turismo. De todas formas Rodríguez Saá, supuestamente tras reponerse del ataque de pánico, se retiró sin comprobarlo.
Renuncia en San Luis
El automóvil que llevaba a Adolfo Rodríguez Saá salió del complejo de Chapadmalal por la puerta trasera, donde no había nadie y lo trasladó hasta el Aeropuerto de Mar del Plata, donde lo esperaba el avión presidencial a cargo de llevarlo a San Luis.
Esa misma noche, en conferencia de prensa, anunció su renuncia indeclinable. “Salvo los gobernadores de Formosa, Salta, San Luis, Buenos Aires, Misiones y La Rioja, los demás me han quitado el apoyo, sobre todo el gobernador de Córdoba, que priorizó la interna partidaria a los intereses de la patria. Esta actitud de mezquindad no me deja otro camino que presentar mi renuncia indeclinable ante la Asamblea Legislativa”, dijo.
Y agregó: “Todo lo he hecho en 7 días, de los cuales sólo 3 fueron hábiles. Hice un gran esfuerzo. Si ofendía a alguien, pido perdón. Lo hice todo con mi mejor sentimiento”.
Su renuncia indeclinable a la presidencia, la cual se hizo efectiva a las 23:09 horas del 30 de diciembre. Adolfo Rodríguez Saá defendió su corto período en el cargo y acusó a múltiples dirigentes, señalando en particular a De la Sota, como responsables del fracaso de su mandato, afirmando que habían antepuesto intereses partidarios al bienestar del país.Ramón Puerta también se había ausentado para no volver a asumir la titularidad del poder ejecutivo, por lo que esta recayó en Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados,
Al producirse la renuncia de Adolfo Rodriguez Saa y al haber renunciado el presidente de la cámara de senadores Ramón Puerta el cargo recayo en Eduardo Camaño que se desempeñaba como Presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina que se constituyo en ejercicio del Poder Ejecutivo.
Durante las 48 horas en las que estuvo al frente del país, Camaño se desempeñó con el cargo de Presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación en ejercicio del Poder Ejecutivo, cargo definido en el artículo 1° de la ley 20.972 –de acefalía–; el cual define que el funcionario que ha de ejercer el Poder Ejecutivo en los casos del artículo 1° (en caso de acefalía por falta de Presidente y Vicepresidente de la Nación) "actuará con el título que le confiere el cargo que ocupa, con el agregado «en ejercicio del Poder Ejecutivo»". Durante esas 48 horas, el gabinete estuvo confirmado por Antonio Cafiero como Jefe de Gabinete y por Rodolfo Gabrielli como ministro del Interior.
El 2 de enero de 2002 Duhalde fue elegido presidente de la Nación Argentina por la Asamblea Legislativa. Esa decisión fue tomada a través de un amplio consenso en el peronismo y la oposición para que Duhalde condujera el país, sumido en la confusión de una crisis terminal, en el ínterin preelectoral. Duhalde fue investido por los diputados y senadores con 262 votos a favor, 21 en contra y 18 abstenciones, y con mandato hasta el 10 de diciembre de 2003, esto es, hasta agotar el ejercicio cuatrienal para el que había sido elegido De la Rúa. No habría, por tanto, comicios anticipados, siendo la opinión mayoritaria de los legisladores que lo que urgía era obtener un Ejecutivo estable con el máximo apoyo partidista
Duhalde ―que en vísperas de la asunción presidencial había expresado su temor a que se produjera una "guerra civil" en Argentina― empezó por reconocer que el país estaba "quebrado" y "fundido", y anunció un Gobierno de unidad nacional con la triple misión de "reconstruir la autoridad política e institucional, garantizar la paz social y sentar las bases para el cambio del modelo económico y social".
Cuando los gobernadores de Buenos Aires Carlos Ruckauf de Córdoba José Manuel de la Sota, y de Santa Cruz Néstor Kirchner se enteraron que Adolfo Rodriguez Saa pretendía terminar el periodo pendiente de De la Rua en lugar de llamar a elecciones en 90 días fuero los primeros en quitarle el apoyo a esta decisión se fueron sumando otros gobernadores , diputados y senadores lo que obligo a renunciar..
Adolfo Rodriguez Saa encabeza una reunión en la residencia presidencial de Chapalmalal durante la misma se produjo un corte de luz que dejó al edificio de Chapadmalal sin suministro eléctrico, por lo que el encuentro fue apenas iluminado por la luz del sol entrando por la ventana. Del mismo modo, afuera se producían multitudinarias protestas y la custodia del presidente no se encontraba presente, luego recibe noticias que afuera hay una manifestación con lo cual abandona la ciudad y renuncia desde San Luis.
Tapas de los diarios del 31 de diciembre de 20001 anunciando a renuncia de Adolfo Rodríguez Saa.