Manuel Belgrano
Primeros Años
El Consulado
1810
Paraguay
Alto Perú
Lejos del Frente
Ejército del Norte
El ocaso
 
La actitud de Rodriguez de Francia  
Al poco tiempo de asumir, Rodríguez de Francia derrotó al ala porteña del gobierno y más tarde conjuró los intentos de Somellera y Velasco, para hacerse del poder, encarcelándolos junto a los miembros del Cabildo de Asunción y a la mayoría de los oficiales que habían tomado parte en intentos de poner al Paraguay bajo el control de la Junta de Cádiz o la de Buenos Aires.
Afirmado en su posición envió, el 20 de julio de 1811 a la Junta de Buenos Aires, una nota cuyo contenido demuestra una profunda comprensión del dilema de las nuevas naciones americanas. Sintetizando su contenido, la misiva rechazaba cualquier clase de sometimiento a toda autoridad de las otras gobernaciones del virreinato y proclamaba la igualdad de todas ellas, sosteniendo la idea de una Confederación y el envío de un representante al Congreso que habría de reunirse según la comunicación original de la Junta Gubernativa de Buenos Aires, agregando que mientras tanto el Paraguay se gobernaría a sí mismo con absoluta independencia de Buenos Aires. Asimismo, haciendo frente a las pretensiones de monopolio comercial de los comerciantes porteños, agregó que debía establecerse el comercio libre entre los dos países; que se suprimieran los impuestos que se cobraban a los productos provenientes del Paraguay, levantando el estanco del tabaco (monopolio de comercialización) y que sus existencias se adjudicaran al Paraguay. Finalmente, manifestándose profundamente democrático, indicaba que cualquier resolución, reglamento o constitución que dispusiera el futuro congreso no sería válido para el Paraguay hasta tanto no fuese ratificado en "Junta Plena" por todos sus habitantes y moradores.
   
Belgrano y de Francia  
Al tenerse en Buenos Aires noticias de la revolución en Paraguay y antes de recibir la precedente comunicación de Francia, la Junta resolvió designar a Belgrano como enviado especial, juntamente con el Dr. Vicente Anastasio de Echevarría, en misión diplomática a Asunción para negociar con sus nuevas autoridades. La Junta Grande, no había todavía liberado a Belgrano del proceso al que se lo había sometido, creando con esa designación un absurdo político institucional. Belgrano contestó que aceptaría la nueva misión que se le confiaba pero que primero habría que aclarar la situación creada por el proceso en vigencia. La Junta procedió a cerrar el proceso y a reintegrar a Belgrano sus cargos y títulos, por lo que éste aceptó la misión que se le confiaba. Nada se sabía por ese entonces en Buenos Aires de los cambios ocurridos en Paraguay, ni del contenido de la nota del Dr. Francia a la Junta de Buenos Aires, ya que no había llegado a destino cuando Belgrano y Echevarría partieron a cumplir su misión; por lo tanto, las instrucciones que le dio la Junta estaban referidas a la comunicación emitida por Velasco después del 25 de mayo. Estaban, pues, totalmente desactualizadas con las circunstancias y políticas con las que habrían de encontrarse a su llegada a destino.
Los delegados habrían de recibir más tarde nuevas y desconcertantes instrucciones enviadas desde Buenos Aires con fecha 1 de octubre. Las mismas estaban contenidas en dos notas separadas y firmadas por los miembros del Primer Triunvirato (Chiclana, Sarratea y Paso, y refrendadas por Rivadavia).
Para que pueda juzgarse la inutilidad de estas notas del mes de octubre, hay que recordar las largas dilaciones que debieron sufrir los delegados en la ciudad de Corrientes hasta la llegada de la autorización de los paraguayos permitiéndoles ingresar en su territorio. Sólo queda decir que Belgrano y Echevarría llegaron a Asunción el 4 de octubre de 1811, tres días después de haberse firmado las instrucciones complementarias. Naturalmente, esas notas llegaron a su poder después que la negociación con la junta de gobierno paraguaya se había terminado con la firma de un solemne convenio.
Las instrucciones que llegaron tarde carecen de valor histórico para juzgar la habilidad diplomática de los negociadores, ya que éstos debieron ajustar su labor a las que se les había entregado al salir de Buenos Aires, confiando sólo en su sutileza dialéctica, su poder de convicción y su propia evaluación de los acontecimientos que se fueron sucediendo durante la negociación.

Rodriguez de Francia

Rodriguez de Francia

Los acontecimientos producidos en las provincias del ex virreinato, el alzamiento del Paraguay y Montevideo contra Buenos Aires, el difuso éxito del ejército del Alto Perú y las complicaciones surgidas en el escenario internacional, no sólo en Europa sino también en América, habían apagado la euforia de la Primera Junta. La participación de los diputados provinciales en el congreso constituyente ejerciendo tareas ejecutivas de gobierno exclusivas de la Junta, profundizó el antagonismo entre Buenos Aires y las provincias, situación que empeora con la creación del Primer Triunvirato, que comienza a imponer la política porteña que limita las aspiraciones y objetivos de la revolución.
El tratado firmado en Paraguay, que significó el primer desmembramiento territorial del Río de la Plata, evidenció en los hechos la crisis de los intereses enfrentados entre Buenos Aires y los del interior del ex virreinato.

Cuando Francia permitió el ingreso de Belgrano y Echevarría, una vez que recibió de Buenos Aires la contestación a su nota del 20 de julio de 1811, su trato para con ellos fue demostrativo del respeto al general y su comunión en el proyecto americanista, esmerándose la Junta de Asunción en ayudarlos y atenderlos en sus dificultades, tanto durante el viaje como durante su estadía en aquella ciudad. Las negociaciones fueron conducidas directamente por Francia, que se ocupó hábilmente en mantener aislados a los delegados de Buenos Aires de contactos personales con otros funcionarios paraguayos, en especial con aquellos vinculados a los intereses comerciales porteños, salvo en aquellos casos en que el protocolo lo exigiera.
El temor al bloqueo porteño o a una invasión del imperio, llevaba a muchos paraguayos a considerar las exigencias de los comerciantes porteños como un mal menor, dejando de lado los principios de la independencia americana sostenido tenazmente por Francia, y debilitando su posición en las negociaciones sobre todo frente a Echeverría de quien desconfiaba.
De allí las maniobras y estratagemas de Francia respecto a los contactos con los enviados por la Junta de Buenos Aires.
La base de las negociaciones fueron las exigencias de la nota enviada a Buenos Aires el 20 de julio. La contestación a esa carta, enviada por Buenos Aires el 28 de agosto, no se oponía a reconocer el derecho de Paraguay a gobernarse a sí mismo con independencia de Buenos Aires. Establecía que los paraguayos podían llevar una vida autónoma, a título provisional, hasta la reunión del congreso general al que se comprometían a enviar diputados. Como se ve, las condiciones de negociación de Belgrano y Echevarría era prácticamente coincidente al haber, justamente, reconocido su mandante como justas y apropiadas las exigencias de Francia.
En "las instrucciones" del Triunvirato, acorde a los objetivos porteños, trataba de desconocer la autonomía paraguaya ya aceptada por la Junta Grande.