|
El Consejo de Estado convocado por Posadas aprobó la
propuesta de enviar a Europa a Belgrano y Rivadavia en misión ante
Fernando VII para felicitarlo por la recuperación del trono, paralizar
los preparativos de la península para una gran expedición a América,
amenguar los planes ofensivos de Abascal y apaciguar los recelos del
Brasil.
Las instrucciones públicas, del 9 de diciembre de
1814, firmadas por Gervasio A. Posadas y Nicolás Herrera, establecían
que Rivadavia y Belgrano combinarían en Londres el viaje a España
junto con Sarratea; presentarían a Fernando VII las felicitaciones de
las Provincias Unidas por la restitución al trono de sus mayores,
asegurándole los sentimientos de amor y fidelidad de estos pueblos;
informarían al monarca de los abusos cometidos por las autoridades
españolas, insistiendo en actos de crueldad impresionantes y en el
quebrantamiento de pactos. La pacificación debía tener por base el
principio de dejar en los americanos la garantía de la seguridad de lo
que se estipulase; los diputados aceptarían proposiciones y bases de
justicia, que serían examinadas por la Asamblea de representantes, para
tener en cuenta la opinión de los pueblos. Con toda habilidad se
hablaba en las instrucciones de forma que dejaba traslucir la voluntad
de combatir hasta el fin si no se hallaba comprensión para sus
reclamaciones.
Las instrucciones reservadas expedidas para Rivadavia
el 10 de diciembre, ofrecen interés. Belgrano quedaría en Londres para
operar en otras Cortes, de acuerdo con las instrucciones de Rivadavia
desde Madrid. Se decía en las instrucciones reservadas: "Que
las miras del gobierno, sea cual fuere la situación de España, sólo
tienen por objeto la independencia política de este Continente, o a to
menos la libertad civil de estas provincias. Como debe ser obra del
tiempo y dé la política, el diputado tratará de entretener la
conclusión de este negocio todo to que pueda sin compromiso de la buena
fe de la misión". Debía pedir el envío de emisarios reales a
las provincias para que conozcan la verdadera situación y consulten los
medios de una conciliación sobre bases de seguridad, igualdad y
justicia. Si fracasara esa proposición y pusiera en peligro la
negociación, "entonces hará ver con destreza que los americanos
no entrarán jamás por partido alguno que no gire sobre estas bases o
la venida de un príncipe de la Casa Real de España que mande en
soberano este continente bajo las formas constitucionales que
establezcan las provincias; o el vínculo y dependencia de ellas de la
corona de España, quedando la administración de todos sus ramos en
manos de americanos". Se admite la regalía del rey en materia de
empleos, impuestos, etc., en cuanto no comprometan la seguridad y la
libertad del país . . .
Se creía llegar más fácilmente a la independencia
halagando al rey con el posible establecimiento de una monarquía
constitucional. En el caso que España insistiera en la sumisión servil
de las provincias, el diputado se dirigiría a otra Corte para sacar
algún partido ventajoso que asegurase la libertad civil, sin detenerse
en admitir tratados políticos y de comercio, porque el fin era
conseguir una protección respetable de alguna potencia de primer orden
contra las tentativas opresoras de España.
Antes de pasar a Madrid, Rivadavia se informaría por
Sarratea de la política inglesa con respecto a la América española;
si la nación inglesa quisiera enviar un príncipe de la casa real o de
otra de sus aliadas, para que se corone en esta parte del mundo bajo la
constitución que fijen estos pueblos, o bajo otras formas liberales,
entonces se omitirá el viaje a la península y sólo tratará con
Inglaterra. De existir otras perspectivas, el objeto de las gestiones
del diputado era romper con España y asegurar la independencia
admitiendo, en caso extremo, un príncipe inglés o de otra casa
extranjera. De todos modos, se quería entretener a España, dilatando
toda solución y dejando pendiente de la lentitud la esperanza de una
conciliación.
Los diputados llegaron de Buenos Aires a Río de
Janeiro el 12 de enero de 1815 y tuvieron entrevistas con lord
Strangford, que puso a su disposición una fragata inglesa para llegar a
Londres; ni el príncipe regente ni la infanta Carlota los recibieron.
Salieron de Río de Janeiro el 16 de marzo y a mediados de mayo se
pusieron en relación con Sarratea, en momentos en que Napoleón había
regresado de Elba y se había vuelto a posesionar del trono de Francia,
aventura que duraría cien días.
Sarratea juzgó inoportuno el envío de los diputados
a España, a causa de la obstinación del rey, y en cambio ideó otra
combinación: la de proponer a Carlos IV, residente en Italia, la
coronación de su hijo Francisco de Paula en el trono del Río de la
Plata. Con ese fin encomendó al conde Cabarrús la negociación con el
ex rey de España en Roma. Parece ser que persuadió a la reina María
Luisa, pero Carlos IV pidió tiempo para reflexionar. Rivadavia y
Belgrano adhirieron al plan de Sarratea. Cabarrús volvió a Italia con
instrucciones, memoriales y proyectos de Constitución. La nueva
monarquía que se proponía a Carlos IV se llamaría Reino Unido del
Río de la Plata, y abarcaría al antiguo virreinato, la
presidencia de Chile y las provincias de Puno, Arequipa y Cuzco con las
costas o islas adyacentes; se creaba una nobleza hereditaria, etc., etc.
Carlos IV se negó a admitir el proyecto elaborado por Belgrano y
Rivadavia. Sarratea lo impugnó porque vio desautorizada en él la
actuación de Cabarrús, su aliado circunstancial a interesado. El
"negocio de Italia", como lo llamaba Sarratea, quedó en la
nada. Consecuencia de esa frustración fue el disgusto de
Rivadavia y Belgrano con respecto a Cabarrús, y también con Sarratea;
los recursos con que contaban los diputados de Buenos Aires fueron
invertidos en esas tramitaciones de Cabarrús; se estuvo a punto de
llegar a un duelo entre Belgrano y Cabarrús, que logró evitar
Rivadavia. Lo que no evitó fue la hostilidad y las intrigas de Sarratea
contra sus gestiones, luego de esto Belgrano regresó a Buenos Aires |