Crisis económica

Los orígenes o las causas de la crisis de la década de 1870 deben ser rastreados necesariamente en la década anterior con un gran ingreso de capitales externos, aunado a los ingresos de una aumentada actividad comercial, repercutió en otras esferas de la actividad económica, como por ejemplo en el enorme aumento tanto del gasto público, esta acumulación de metálico hizo a su vez posible una enorme expansión del crédito bancario (reforzada en 1872 con la creación de los bancos Nacional e Hipotecario), lo cual impulsó la ya de por sí importante actividad comercial, como consecuencia de la guerra con el Paraguay. El problema del desequilibrio comercial se tornó visible cuando cesaron los capitales provenientes del exterior, en parte por efecto de la depresión europea de 1873 que cortó los flujos de inversión. A partir de ese momento, la situación deficitaria de la balanza comercial y de la de pagos provocó una sensible disminución de la existencia de metálico.


Hubo necesidad de reducir drásticamente los gastos de la administración pública; el presupuesto de 28 millones se redujo a 22; se disminuyó en un 15 % el sueldo de los empleados públicos, comenzando por los el del presidente. Al año siguiente, los gastos fiscales disminuyeron más todavía, a 19 millones, y la austeridad llegó al punto de que hubo año en que del exiguo presupuesto quedaron sin gastar 4 millones de pesos. Al iniciar su gobierno, los empleados públicos sumaban 17.000; al terminar su período, la cifra se había reducido a 11.000. Esa austeridad hizo posible la campaña del desierto que inició Adolfo Alsina y que insumió muchos recursos.

Pero interesaba menos la escasez interna que el crédito del país en el exterior. El servicio de la deuda externa era aplastante; los ingresos hacían difícil el cumplimiento de ese servicio sin trastornos muy graves. Llegó el momento en que se aconsejó al presidente la suspensión del servicio de la deuda pública, coincidiendo en ello los ministros, la prensa, el parlamento, los partidos, la opinión en general.

Por causas de tipo político y de carácter financiero, el gobierno de Avellaneda debió afrontar situaciones graves. El mensaje presidencial al Congreso en 1875 describe la crisis:

"Grandes cantidades de dinero afluyeron en los últimos años a la plaza de Buenos Aires, teniendo principalmente su origen en los empréstitos que la nación y esta provincia (Buenos Aires) contrajeron en Londres. De ahí su acumulación en los bancos, el bajo interés y las facultades tan seductoras como desconocidas del crédito. El país no estaba en aptitud de aplicar de improviso tan considerables capitales al trabajo reproductivo y sobrevinieron las especulaciones sobre terrenos estériles que acrecentaban artificialmente su precio de una transacción a otra; los gastos excesivos y la acumulación de mercaderías importadas, exagerada aún más por la competencia que se desarrolla en estos casos. Con la hora inevitable de los reembolsos ha sobrevenido la crisis que principia ya a encontrar su principal remedio en la disminución de los gastos privados y públicos".

vapor Le Frigorifique

Le Frigorifique fue el primer barco provisto con cámaras refrigerantes para el transporte de carne utilizado en la Argentina y que revolucionó la industria de las carnes y que cambió profundamente la economía nacional.. “Le Frigorique” zarpó de Rouen, Francia, el 20 de setiembre de 1876, con seis reses de carne vacuna, doce carneros, un cerdo y cincuenta pollos enfriados a 0°C, en concordancia con el método desarrollado por Carlos TEllier, quien acompañó al barco en su travesía a través del Atlántico. El barco francés navegó conforme al itinerario previsto, acompañado en todo su trayecto por una gran publicidad. Llegó a Lisboa, se detuvo allí durante 25 días para reparar el equipo refrigerante que mostraba algunas fallas y el 25 de diciembre llegó a Buenos Aires. Al partir, “Le Frigorifique” llevaba en sus bodegas un cargamento de prueba compuesto por carne vacuna y de cerdo, y 50 pollos enfriados a 0 grado. Tuvo que parar 25 días en Lisboa para reparar el equipo y después siguió viaje. Arribó a la Argentina pocos días antes de fin de año. La carne congelada llegó en perfecto estado de conservación y aunque no tenía muy buen sabor y era de muy baja calidad, el resultado de esta primera experiencia fue considerado un éxito. La Sociedad Rural Argentina invitó a sus asociados a que contribuyeran a reunir un cargamento, y el barco partió de regreso a Europa, el 14 de agosto de 1877, transportando 95 reses. Pero durante el viaje el mecanismo de refigeración falló y la carne llegó en estado de descomposición. La técnica continuó perfeccionándose y un mes después de la partida del “Frigorifique”, arribó al puerto de Buenos Aires el vapor “Paraguay”, que disponía de un nuevo método de enfriamiento, en cuyo desarrollo, también había participado el ingeniero Tellier. Una comisión designada para examinar este nuevo cargamento que llegaba, dictaminó que el sistema era eficiente y que, por lo tanto, se abrán así enormes posibilidades para la industria agropecuaria del país. El uso del frío artificial fue rápidamente aprovechado por los ganaderos argentinos que se vieron beneficiados con la aprtura de nuevos mercados para sus producciones.

Las importaciones sumaron 73 millones en 1873, 57 millones en 1874 y 36 millones en 1876. La balanza comercial dio desde 1870 a 1875 una importación de mercaderías por 354 millones y una exportación por 240 millones, con un saldo negativo de 93 millones.

A fines de 1873 se iniciaron las quiebras comerciales, que se intensificaron en 1874. El interés del capital ascendió hasta 15%, anual. Sucumbió el Banco Argentino; se cerró la Oficina de cambios y se produjo la inconversión de los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia.

El gobierno sufrió en primer término y en mayor proporción la crisis. Las rentas, que sumaban 19.200.000 pesos en 1875, bajaron a 13 millones y medio en 1876, con el agregado de la falta de crédito y la gravitación opresiva de la deuda externa exigible, el costo de las obras públicas en ejecución, el servicio de la deuda consolidada, etcétera.

Decía el ministro de hacienda: "Las circunstancias son sumamente premiosas; el crédito del gobierno está embarazado completamente por el estado del tesoro; la aglomeración de deudas anteriores, para las cuales no hay medios inmediatos con qué satisfacerlas, imposibilita la misma marcha del gobierno". Avellaneda reaccionó valientemente: "Es necesario —decía— economizar sobre el hambre y la sed".

Los servicios de la deuda exterior fueron cubiertos. "La República —decía al Congreso— puede estar dividida hondamente en partidos internos, pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros".

lucas gonsalez

Lucas González estuvo a cargo del Ministerio de Hacienda en medio de una crisis económica y financiera muy profunda; cuando dejó el cargo, a mediados del año siguiente, la situación económica general había mejorado, pero las finanzas de la Nación seguían sin encontrar su rumbo.

En 1876 el ministro Lucas González dictó un decreto con esta parte dispositiva: 

"Queda cerrado, con arreglo a lo dispuesto en la ley de contabilidad, el ejercicio de los créditos creados por leyes especiales y acuerdos de gobierno que no estén incluidos en la ley de presupuesto o que no tengan recursos especiales para ser abonados".

Y la medida se cumplió lealmente. Se suspendieron varias obras públicas de gran aliento; fueron eliminadas fuertes partidas del presupuesto; se suprimieron las subvenciones a las provincias; se rebajaron los sueldos en un 15%, como asimismo las pensiones y las jubilaciones. El presupuesto anual, que había pasado de los 20 millones, quedó reducido a 17, comprendidos unos ocho millones para el servicio de la deuda y 5 millones para el ministerio de guerra y marina, empeñado en la conquista del desierto.

En el mensaje de julio de 1876 se lee: "La acumulación del déficit en los gastos generales de la administración que viene operándose de años atrás, debido en gran parte a la inconveniente práctica de votar gastos extraordinarios fuera de presupuesto, sin crear a la vez los recursos necesarios para atenderlos, ha llegado ya a proporciones que hacen imposible la marcha regular de la administración".

Banco de la provicia de Buenos Aires

Banco de la provincia de Buenos Aires dibujo publicado en El mericano

En 1877, cuando la crisis había sido superada en parte, dijo Avellaneda en su mensaje .al Congreso, al referirse a las operaciones de crédito realizadas con el Banco de la Provincia:

"Sólo haré notar tres circunstancias: 1º que el país y su gobierno se salvaron por sus propios esfuerzos y sin auxilio externo; 2º que el gobierno de la Nación en medio de los conflictos de intereses y de la mayor perturbación en las ideas, reivindicó la facultad soberana que tiene para sellar monedas, sean de oro, de plata o papel. Y sin lo que no hay ni gobierno ni nación; 3º que lo oneroso del arreglo recayó casi exclusivamente sobre la provincia de Buenos Aires y que la nación le es, en consecuencia, deudora de este gran servicio".

Y a pesar de la penuria financiera, fue en tiempos del gobierno de Avellaneda cuando se organizaron definitivamente el departamento de ingeniería y la dirección general de rentas; se inauguró el ferrocarril a Tucumán, se dictaron las leyes generales de telégrafos y se hizo la expedición a Río Negro.

Durante esta administración se aplicó también el sistema proteccionista aduanero. Dardo Rocha en el Senado y Carlos Pellegrini en el Congreso se encargaron de explicar la ley respectiva de 1875, por la cual se establecía un derecho general de 20 por ciento a la importación, y de 40 y 30 por ciento a los productos similares de las industrias propias en desarrollo.

La tierra y la producción agraria entraron en la preocupación de muchos. Miguel Ángel Cárcano describió así la tónica de aquellos años:

"La fortuna, por medio de la tierra, llegó a constituir la preocupación constante de nativos y extranjeros. El gobierno estaba asediado por las concesiones, contratos de inmigración y colonización, proyectos fantásticos de población inmediata. Los mismos particulares se lanzaban a lo que todavía por muchos se estimaba como la aventura agrícola. Las seguridades de la paz, las comunicaciones más fáciles, los ensayos felices de Santa Fe y Entre Ríos, estimularon al inmigrante para dirigirse al interior, donde se hallaría buena tierra y amplias facilidades de trabajo"...

Cuando Simón de Iriondo fue nuevamente electo gobernador de Santa Fe consiguió que Avellaneda hiciese una excursión a las colonias de la provincia. Fue acompañado por Basilio Cittadini, director de La Patria italiana; por Leon Walls, de Le Courier de la Plata, y por Mr. Mulhall, de The Standard. Fue acogido con entusiasmo por los colonos. Al entrar en San Carlos, halló alineados en dos filas hasta cuatro mil instrumentos agrícolas diferentes, y detrás de ellos unos 10.000 agricultores, casi todos piamonteses, procedentes de las diversas colonias santafesinas.

El 25 de agosto de 1875 se constituyó el Club Industrial, de acuerdo con una invitación firmada por representantes de las industrias nacientes: construcción de máquinas, fundición, sastrería, carpintería, litografía, zapatería, tipografía, fábricas de tabacos. 

La presidencia le fue ofrecida al litógrafo F. Schlesinger; la entidad tuvo su órgano de prensa en El industrial, desde octubre del mismo año. En enero de 1877 organizó la entidad una exposición industrial, a cuya inauguración asistió el presidente Avellaneda. Se produjo una escisión entre sus asociados en 1878, pero se reagruparon nuevamente en 1887 para constituir la Unión Industrial Argentina.

El fruto de la política colonizadora de Urquiza y de Sarmiento, pues la presidencia de Mitre estuvo casi toda absorbida por la guerra del Paraguay, comenzó a dar frutos en la presidencia de Avellaneda, con la exportación de trigo, maíz, lino y harinas. El presidente pudo anunciar orgullosamente al país en uno de sus mensajes al Congreso: "Somos hoy importadores de cereales en los mercados de Europa y América, y los cargamentos que los conducen parten de las colonias formadas por el inmigrante europeo". En 1877 fueron exportadas 200 toneladas de trigo, 9.818 de maíz, 246 de lino, 218 de harina; en 1878 la exportación de trigo sumó 2.547 toneladas, la de maíz 17.064, la de lino 976, la de harinas 2.191; en 1879, las cifras respectivas fueron 25.669, 29.521, 746 y 15.260.

También comenzó bajo su presidencia la exportación de carnes congeladas; en 1877 fueron embarcadas en San Nicolás los primeros cargamentos en los vapores "Le Frigorifique" y "Paraguay". El país entraba en una etapa de prosperidad que había de durar medio siglo. Simultáneamente, los 1.900 kilómetros de vías férreas que había en 1874, sumaban 2.500 en 1880, es decir un aumento de 600 kilómetros, a pesar de los grandes gastos de las expediciones al desierto.